Viaje Dublín-Belfast
TERCER DÍA (10/07/2012): Recorriendo las afueras en busca de lugares de los que poder crear mundos fantásticos y hacer viajes mágicos al pasado
MAÑANA
Bueno… damas y caballeros, el planning de hoy comienza… ¡con madrugón a las 7 de la mañana, yuju! Ayer nos encargamos de contratar a última hora una especie de tour de un día para ver algún paraje natural y salir de la ciudad. Aunque Dublín no es la ciudad capital más ajetreada que he conocido, pero desde luego hay un momento en que da un punto de estrés. Y más a mí que me gusta caminar y pateármelo todo sin excepción. Así, decidimos adentrarnos a esos lugares verdes y mágicos que dan reputación a la “Isla Esmeralda”.
Como bien decía anteriormente, nos levantamos a las 7, por lo que la cafetería del hostal estaba cerrada y desayunamos marranadas típicas que uno se compra en los viajes pero que las madres no soportan que sus hijos las coman (a excepción de la mía, que fue propulsora de la idea). Después de esto, nos dirigimos al punto de encuentro con el bus y nos montamos… pero… ¿qué paso? Yo pensaba que sólo en las americanadas de televisión salía este tipo de cosas; no obstante, he podido vivir en mi piel lo que es por primera vez un tour de turistas que tienen que convivir casi todo el día juntos en un autobús. Nunca pensé que podría sentirme tan guiri: un grupo de turistas animados por un conductor cantarín que no piensa cesar de contar todas sus batallitas en todo el recorrido. En esos momentos me hubiese gustado como mi madre no poder entender nada… Además, cuando le intentaba traducir a ella los chistes y tonterías que el contaba (admito que con muchas me reía y me resultaba simpático el hombre porque poniéndome en su piel, quizás yo actuaría igual para tener a guirilandia contenta), acababan por perder todo su fuste… Debería estar prohibido siquiera el intento de traducción de chistes o bromas (se pierde todo el sentido, excepto en los verdes que pueden resultar de comprensión más universal).
Admito que la experiencia no ha estado mal, ya que éramos de todas las edades y nacionalidades: el grupo de viejos lo lideraban los noruegos y los suecos (ya me dirás, con las pensiones que tienen ahí yo también de iría al otro lado de Europa a gastarla); los más jovencillos (vamos, los más niñatos y adolescentes) éramos mi hermana y yo como españolas, una chica belga (que era la única que viajaba sola), dos francesas y dos inglesas (repelentis a tope y pavas, aunque cuando me daban por culo con sus canciones les echaba mirada amenazadora y lo pillaban rápidamente además de disculparse de forma educada); parejas jóvenes (de estos que parecen amarse por encima de todas las cosas y que tienen pinta de haberse ido a vivir juntos oficialmente hace poco tiempo y tienen planes de futuro como el tener hijos) treintañeros estaban los canadienses, estadounidenses e italianos; los cuarentones y cincuentones jugaban en casa irlandesa, más mi madre. Como se ve, el panorama del bus era muy variado... y cómo no: mi hermana y yo, como buenas españolas, pegando gritos que se nos oía desde la otra punta del autobús).
Pero bueno, no ha estado mal, jejeje. Yendo a lo importante... ¿curiosidad por saber dónde he estado, qué han visto mis ojos y deseosos de que os dé envidia? Preparaos para flipar con los lugares más bellos de Irlanda (¡yo aún no me puedo creer que haya puesto los pies en estos rinconcitos tan curiosos!)
GLENDALOUGH
Glendalough
(Valle de los Dos Lagos) fue uno de los más venerados monasterios de Irlanda.
Su entorno lo convierte en una de las principales atracciones del país. Aunque
haya mucha gente, merece la pena visitar este paraje cuyos paisajes y aroma
fresco a naturaleza y sagrado relaja tras un par de días visitando la ajetreada
ciudad de Dublín.
Esta
zona está situada al final de un largo valle que se estrecha hacia las Wicklow
Hills (las montañas más altas de esta parte de Irlanda) y parece ser que creció
alrededor de la tumba de su fundador, Saint Kevin, abad de Glendalough hasta su
muerte, en el año 618. El monasterio se hizo famoso en Europa como lugar del
conocimiento. El centro del viejo monasterio es una catedral sin techo del año
900 aproximadamente, la famosa Round Tower, bien conservada, y St. Kevin’s
Church, techada con piedra.
En
las fotos que hicimos aparecen los dos lagos. El primero es el Upper Lake, el
más grande de ambos, y debo decir que resulta bastante impresionante, porque
parece que no tiene fin y se oculta entre las montañas… El paisaje da la
impresión de cuento de hadas en todo momento, como si fuera a salir un dragón,
un hada o un gnomo en cualquier momento (bueno, en este caso, un leprechaun).
Todo es verde y, aunque íbamos bien abrigadas porque sabíamos que a primera
hora de la mañana haría frescoñete, nos hemos helado. Demasiado frío para unos
pobres aguileñas de la costa mediterránea.
Al final del trayecto, se llega a la MONASTIC CITY (sí, queridos aprendices de la lengua inglesa: la ciudad monástica). Este es un lugar muy acogedor, pues es como una pequeña aldea (sólo que sin ser una pequeña aldea, pues en realidad se trata de un sitio sagrado y de rezo) conformada por una Abadía (la famosa Abadía de San Kevin, en donde éste estuvo viviendo junto a otros monjes; es agradable observar que la abadía sí que era humilde, y no como esos monasterios que muchas veces nos recuerdan que nuestra casa es una caca comparada con la de los demás), una Catedral (cuyo techo está desprendido, pero que sin embargo resulta bella, pues entran leves rayos de luz por los ventanales), una Torre (gracias a ésta hemos podido ver el sitio desde lejos; las torres en esta época cuanto más altas eran simbolizaban más poderío: en este caso, el poderío a demostrar era frente a los paganos, pues estas construcciones tienen lugar cuando el catolicismo se está adentrando en Irlanda y se intenta convertir a los paganos a la religión única de la románica apostólica cristiana), un Oratorio (caseta pequeña en la que están las tumbas de dos abades, un cura y un terrateniente) y el resto lo compone un diminuto y sencillo cementerio.
En
verdad, el sitio era agradable, pues se encontraba solitario en mitad de un
valle. No daba miedo ni mal rollo, sino que para mí era el lugar perfecto para
hacer una partida de rol en directo a lo Medievo. Pero, dejando de lado mis
frikadas, debo decir que pasear por esos sitios, no tiene precio… ¡Si se
hubiese aparecido algún ser del bosque no me hubiese extrañado!
¡Adiós,
Glendalough! Seguro que nos volveremos a ver, ¡no puedo morirme sin volver a
pasar por aquí!
WICKLOW GAP
Este
sitio es famoso por la película “P.S. I Love you” (no he visto la película,
pero según el borracho irlandés que se hacía llamar “conductor” de nuestro
autobús, sería como una especie de crepúsculo pero sin efectos especiales…): lo
terrible que debe de ser ese film se ha hecho más manifiesto cuando en mitad de
un prado verde, rodeado por las montañas de Wicklow, un grupo de niñatas se han
puesto a gritar igual que si aparece por sorpresa Madonna en una carroza el día
del Orgullo Gay (sí, los oídos me pitaban de las voces agudas).
Teniendo
en cuenta que estábamos casi en la cima de las Wicklow Hills, la rasca se hizo
insoportable, aunque las vistas de llanos y valles verdes mereció la pena (las
viejas noruegas y suecas se reían de mí verme temblar… Pues debo decir que el
autobusero prefería a los españoles en su bus antes que a noruegos, suecos,
ingleses o italianos, a quienes parecía detestar por encima de todas las cosas,
especialmente por su manera rara de conducir por el centro cuando hay 3
carriles).
BROWNSHILL DOLMEN
La
piedra que oficia de techo pesa cientos de toneladas y se dice que es la mas
pesada de todas las piedras similares que hay en Europa. Su nombre oficial es
Kernanstown Cromlech y está sobre una suave colina en las tierras que eran
propiedad de la familia Browne, de allí el nombre por el que se la conoce más.
Fue
construida entre 4 y 3 mil a.C por algunos de los primeros
granjeros que habitaron la isla.
También,
es conocida como la tumba del portal de Browinshill, llamada así porque la
entrada de la cámara más reciente estaba flanqueada por dos grandes piedras, en
posición vertical, en el apoyo de una cúspide en granito, o en el techo de otra
cámara. El toque final se cree que ha sido cubierto por un montículo de tierra
y una piedra de la puerta bloqueando la entrada. No se sabe mucho más sobre
Brownshill, porque nunca ha sido excavado. El alcance de las cámaras no se
puede determinar,según he podido traducir de los paneles.
Mi madre estaba ya decepcionada cuando
vio de lejos nada más que una piedra tumbada en mitad de las plantas mal
cuidadas de un llano próxima a la carretera que atraviesa Carlow (jajaja, como
Carlos pero a lo gaélico, jajaja). Nosotras hemos visto ya bastantes menhires y
sólo un dolmen (en Inglaterra, en Stonghege, claro). La diferencia entre menhir
y dolmen es bien sencilla: los menhires son las piedras sin más clavadas en la
tierra (si tenéis la imagen de Obélix en la cabeza llevando un pedrusco puntiagudo,
eso es un menhir, y tienen esa forma para poner ser clavados mejor en el suelo
y enterrados); por otro lado, los dólmenes son un conjunto de menhires (dos
colocados verticalmente y otro encima de ellos horizontalmente) que por su
construcción parece como una casita primitiva. Es más difícil encontrar de
estos últimos; además, a menudo los menhires y dólmenes se encuentran como
piedras tiradas en medio del campo porque en torno al siglo XIX les dio por
excavar y desenterrar estas creaciones paganas…
Pero, volviendo al tema principal, puedo decir felizmente que: ¡toma, toma, toma! He dado con un dolmen de verdad e intacto: un lugar sagrado donde se hacían una especie de entierros. Poco más puedo deciros de este sitio, pues ni los mismo arqueólogos se aclaran en lo que respecta a estas culturas paganas tan antiguas. Los turistas nada más llegar a los monumentos y lugares importantes tienen la fea manía de echarse la foto e irse corriendo, no saben apreciar el lugar. Nosotras, por el contrario, nos lo hemos pasado bastante bien dando vueltas alrededor del dolmen y, como diría mi madre, acercarnos a él para sentir su energía.
Pero, volviendo al tema principal, puedo decir felizmente que: ¡toma, toma, toma! He dado con un dolmen de verdad e intacto: un lugar sagrado donde se hacían una especie de entierros. Poco más puedo deciros de este sitio, pues ni los mismo arqueólogos se aclaran en lo que respecta a estas culturas paganas tan antiguas. Los turistas nada más llegar a los monumentos y lugares importantes tienen la fea manía de echarse la foto e irse corriendo, no saben apreciar el lugar. Nosotras, por el contrario, nos lo hemos pasado bastante bien dando vueltas alrededor del dolmen y, como diría mi madre, acercarnos a él para sentir su energía.
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