Viaje Dublín-Belfast
SEXTO DÍA (13/07/2012): Toureando por las afueras de Belfast (¿encontraremos algún leprechaun?)
MAÑANA
Amanecía en un hostal de Lisburn Road una bella mañana de julio. Mi forma de recibir el extraño día soleado irlandés fue a través de los ronquidos de Karry, nuestra compañera americana de cuarto. Me dispongo a bajar a la cocina para desayunar y topo con una chica española: Lidia. La muchacha tiene "musho arte" (sí, es sevillana) y nos explica qué es lo que está haciendo ahí: al parecer es muy común en Irlanda que uno siga la filosofía de "lo comido por lo servido", esto es, trabajan 3 horas diarias limpiando el hostal y a cambio les sale gratis el dormir por la noche. Es una buena manera de aprender inglés... Puede que me anime el próximo verano.
Acompañada por ella, desayunamos tranquilamente hasta que un loco vestido de verde fosforito con gafas de sol culo-de-vaso (sí, aunque quede raro, eran así) entra pegando gritos buscando a sus viajeros. Sí, este loco gritón sería el chófer del autobús de hoy... Y no sólo sería un sumo coñazo, sino que además hace chistes malos sobre ovejas y sexo anal. Pero bueno, no todo día termina como amanece.
EL PUENTE DE CARRICK-A-REDE
Un delicado puente de cuerda que parece diminuto ante el espacio que queda enmarcado entre dos impresionantes colinas. Es imposible no mirar abajo mientras estás suspendido a 23 metros por encima del mar. Las aguas azul verdosas brillan a tus pies, las bandadas de pájaros graznan todo alrededor, y la agreste línea costera se pierde en el infinito. La Madre Naturaleza se lució al enmarcar este pequeño recoveco marino en la costa de Antrim.
Nosotras decidimos no pasarlo (era demasiado caro... ¿qué tiene este puente? ¿apruebas todas en junio si pasas por encima de é o qué?). Pero tuvimos el placer de ver un sitio más bonito que un puente... En efecto: la costa de Antrim.
Por cierto, al fondo de la imagen en la que aparecemos las tres, se ve tierra firme (no, no me refiero al islote, sino al horizonte): eso es Escocia, guay ¿eh?
Mi madre estaba bastante feliz de estar en un sitio natural en la costa tan hermoso con sus dos luceros, se le notaba en la cara constantemente.
Una pasada de zona... Me recuerda un poco a la costa de Galicia.
Además, dimos con una cuevecita caminando por la orilla. Estaban las piedras erosionadas por el agua salada. Nosotras solas en la costa irlandesa con Escocia enfrente... Si ninguno tenéis envidia es porque sois unos sosos.
LA CALZADA DEL GIGANTE
Para introducir este paraje natural, quizás convenga redireccionar a Wikipedia (siempre tan sintética y bien explicada): La Calzada del Gigante o de los Gigantes (en inglés: The Giant's Causeway) es un área que contiene unas 40.000 columnas de basalto provenientes del enfriamiento relativamente rápido de la lava en un cráter o caldera volcánica que ocurrió hace unos 60 millones de años. Se encuentra en la costa nororiental de la isla de Irlanda, unos 3 km al norte de Bushmills en el Condado de Antrim, Irlanda del Norte. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986, y Reserva Natural Nacional (National Nature Reserve) en 1987. Fue descubierta en 1693.
Sin embargo (lo que es la parte guay de este pequeño rincón del planeta), es la leyenda irlandesa que lo encubre y despliega todo su mágico aroma a fantasía.
Cuenta la historia que había dos gigantes, uno de Irlanda (Finn) y otro de Escocia (Bennandoner), que se llevaban muy mal y continuamente se tiraban rocas. De tanto tirar rocas se formó un campo de piedras sobre el mar. El gigante escocés decidió pasar el camino de rocas y derrotar a su adversario, pues éste era más fuerte que el otro. La mujer del gigante (Oonagh) irlandés vio cómo venía el gigante escocés, así que decidió vestir a su marido de bebé. Al llegar el escocés y ver que el bebé era tan grande, pensó que su padre sería el triple de grande, así que huyó pisando muy fuerte las rocas, que se hundieron en el mar para que el otro gigante no pudiera llegar a Escocia.
Este sitio estaba más lleno de gente, pero resultó ser un lugar perfecto para hacer un picnic a nuestro estilo, jejeje. Además, escalamos un pequeño montículo y salimos vivas sin mojarnos por las olas (pero vimos a un par de locos escoceses que se desnudaron y se metieron de cabeza al agua... ¡qué frío me da recordar esa imagen!).
Una mañana maravillosa... Qué buenos recuerdos de campo y excursiones me ha traído este paseo costero.
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